El pozo está a cuarenta pasos de la casa de Blessing. El sendero es tierra apisonada, la hierba a los lados es amarilla, y a mitad de camino un tubo de hierro de cuatro pulgadas asoma del suelo, la sección cortada torcida, el óxido en el borde. Alrededor del tubo la tierra es negra en un círculo de dos metros. El tubo no lleva agua. Llevaba petróleo. Blessing pasa junto a él cada mañana con un balde amarillo de plástico, el asa rota desde hace tres meses, sostenido con ambas manos. Un wrapper verde con el borde naranja le cubre el cuerpo de la cintura hacia abajo. El pelo está recogido con un hilo de algodón negro. Los brazos descubiertos. Las chancletas gastadas en la punta porque Blessing siempre camina hacia adelante, del pozo a la casa, de la casa al pozo.
El grifo es de hierro, la manija gastada del lado derecho. El agua sale cuando gira. Tiene el color del agua. El agua de Nisisioken Ogale contiene benceno en novecientas veces el umbral de la Organización Mundial de la Salud. El benceno no tiene color. No tiene forma. El agua que sale del grifo parece agua. La nariz lo dice antes de que la página lo escriba. En la casa, sobre la mesa junto a la hornalla, hay un cuaderno de ciento veinte páginas. Setenta y ocho están escritas. Cada página es un día. Cada día tiene una fecha y junto a la fecha un número: uno para ningún olor, dos para el olor leve, tres para el olor fuerte. El sistema lo inventó Blessing. No es científico. Es la nariz traducida a números. Veintitrés días con el número uno. Cuarenta con el dos. Quince con el tres. El PNUMA tiene los espectrómetros. HYPREP tiene las bombas. Blessing tiene la nariz y el cuaderno.
Ogoniland tuvo dos mil novecientos setenta y seis derrames de petróleo entre 1976 y 1991. La cifra está en un informe de las Naciones Unidas publicado en 2011, doscientas cuarenta y seis páginas, la contaminación más grave de África occidental. El informe decía que la remediación llevaría veinticinco años. Han pasado quince. HYPREP remedió quince sitios de sesenta y nueve y después agotó los fondos. Los quince remediados fueron recontaminados. El tubo junto al sendero de Blessing pertenece al sitio K-Dere 28: la mancha negra alrededor era más ancha en 2011, la lluvia la comprimió, el petróleo bajó al suelo, el suelo a la napa, la napa al pozo. Junto al tubo hay una bomba naranja que los operarios de la remediación dejaron. La pintura se desprende en placas. El óxido come el metal debajo. Nadie ha venido a recogerla. La esperanza de vida en el delta del Níger es de cuarenta y un años. Blessing tiene cuarenta y cinco.
En enero el presidente Tinubu se reunió con la comunidad ogoni en Abuja. El comunicado decía: reanudación de las actividades extractivas en el territorio de Ogoniland. No decía: remediación completada. No decía: agua segura. Decía: reanudación. Las perforadoras volverían a la misma tierra de la que el petróleo había salido durante cincuenta años y el agua en el pozo no cambiaría, no había cambiado antes de la remediación, no había cambiado durante, no cambiaría después. Blessing leyó la noticia en el teléfono de la vecina. Abrió el cuaderno. Escribió la fecha. Olió el agua en el balde. Escribió el número: dos. El gesto era el mismo de cada mañana. Pero después de Tinubu marcar el olor ya no era un hábito. Era lo único que Blessing podía hacer con el agua que no podía cambiar: contarla.
El balde está lleno. El agua oscila mientras Blessing camina por el sendero. Las chancletas rozan la tierra negra junto al tubo. Cuarenta pasos. El cuaderno en la casa tiene una página más. El agua en el balde amarillo está quieta. El sol de Ogoniland golpea el balde. El agua brilla.