Sala 4. Sexta planta de la immigration court de San Antonio, Texas. Nueve y once de la mañana. Las paredes son de un beige institucional. Sobre el estrado del juez está el sello del Department of Justice. A la derecha, la ventana da al aparcamiento. El sol de finales de mayo entra de lado.
Mateo Ortiz López está sentado en una silla de madera con las patas demasiado altas. Sus pies no tocan el suelo. Tiene cuatro años y dos meses. Lleva una camiseta de rayas amarillas y azules. Sobre la mesa, delante de él, hay una hoja en blanco y un crayón rojo. Está dibujando un círculo. El círculo no está cerrado.
Carla está de pie junto a la mesa de la defensa. La mesa de la defensa está vacía. Carla lleva un traje gris claro y una blusa blanca. Es intérprete pro bono de la asociación San Antonio Legal Aid. Su tarjeta cuelga del bolsillo.
El juez Hernández se aclara la voz.
«Caso número 26-IC-4471, Mateo Ortiz López, removal proceedings. Intérprete presente, español. Abogado de la defensa: ausente.» La secretaria teclea. El sonido de las teclas es seco.
El juez mira a Mateo. Mateo mira el crayón.
«Señor Ortiz López, está usted presente para la audiencia preliminar. ¿Le acompaña un abogado?»
Carla traduce. Lo dice en voz baja, a la derecha de Mateo. Mateo no responde. Dibuja un segundo círculo dentro del primero.
«Para el acta, la intérprete repetirá en español.»
Carla repite en español. Mateo levanta los ojos un instante hacia Carla, luego hacia el juez, luego hacia la hoja. Dibuja un tercer círculo.
«Mateo, ¿quieres un abogado grande que hable por ti?»
Carla traduce. Sustituye *abogado* por *una persona grande que habla por ti*. La secretaria teclea. Mateo asiente. Dice: «Mamá».
La secretaria escribe *no answer responsive*. Se ve el reflejo del monitor sobre el cristal que la separa del estrado.
El juez reformula. «Dígaselo de modo que entienda. Es importante que el niño exprese una respuesta.» Su voz es baja. No es impaciente. Es eficiente.
Carla se dobla sobre las rodillas. La falda del traje tira. Carla tiene 39 años, es hija de salvadoreños regularizados en el 98, y es intérprete desde hace once años. Sabe que el pro bono panel de la corte revisa las actas. Sabe que cada palabra que añade fuera de la pregunta del juez queda registrada y sometida a revisión. Sabe que ya fue advertida una vez, hace seis meses, por haberle dicho a un hondureño de quince años *ahora di la verdad* mientras traducía una pregunta neutra. Sabe que la próxima advertencia la suspende del panel doce meses.
Sabe también que el juez Hernández es uno de los tres jueces de San Antonio que, hasta enero pasado, antes de la reforma acelerada, aplazaba las audiencias de los menores no representados. Ahora el juez ya no aplaza: o avanza, o cierra. La continuance no es una opción automática. Para obtenerla, algo tiene que ocurrir en la sala.
Carla está doblada delante de Mateo. Mateo tiene los ojos marrones. En la mejilla derecha tiene una mancha de crayón que se ha puesto él solo, antes de la audiencia, mientras esperaba en el pasillo. Sus dedos están manchados de rojo.
Carla puede traducir literalmente. Puede decir, en español, una vez más, la pregunta del juez: *El señor juez te pregunta si quieres representarte a ti mismo en este procedimiento*. Puede repetirla. Puede repetirla hasta que Mateo asienta, o no responda, o llore, o siga pidiendo mamá. El pro bono panel no tendrá nada que decir.
O puede añadir una frase que el juez no ha pronunciado. Puede decirla en español, lo bastante fuerte para que el juez la oiga, lo bastante clara para que la secretaria la incluya en el acta, y en suficiente español para que la secretaria no sepa qué ha dicho hasta que otro intérprete del panel revise la grabación.
Carla se dobla otra vez. La falda del traje cruje.
Dice, en voz lo bastante alta para que el juez la oiga: «Mateo, *este es el momento de decir mamá otra vez, dilo fuerte, dilo bien fuerte*».
Mateo la mira. Dice: «Mamá».
Carla se incorpora. Se alisa la falda. Se vuelve hacia el juez.
El juez se quita las gafas. Las limpia con el borde de la corbata. Se las vuelve a poner.
«Madam interpreter, was that an instruction?»
Carla responde, en inglés, en voz baja: «Your Honor, that was a clarification».
El juez permanece en silencio tres segundos. Escribe una nota al margen. La nota es breve. La secretaria teclea. El juez dice, a la secretaria: «Note that the minor declined to respond. Continuance to the appointment of a guardian ad litem. Hearing reset to June 19». La secretaria teclea. El sonido de las teclas es seco.
El crayón rueda sobre la hoja. Rueda despacio. Llega al borde de la mesa. Cae.
Mateo se inclina sobre la silla. La silla no se mueve porque está anclada al suelo. Estira el brazo. No alcanza. Carla se dobla por tercera vez. Recoge el crayón. Lo deja sobre la mesa, a la derecha de Mateo, donde puede cogerlo.
Mateo lo coge. Empieza otra vez a dibujar el círculo.