La carnicería de Aysuluu Dyikanbaeva en el centro de Chongara abre a las siete de la mañana, como cada día desde hace treinta y cuatro años, y Aysuluu, setenta y tres años, el pelo bajo el pañuelo verde, unas manos que ya no tienen la piel de las manos de una mujer sino la piel de los cuchillos que maneja, ha llegado a las seis y cuarenta con el cubo de agua para lavar el mostrador, y fue precisamente su suegra, Saodat, muerta en el noventa y seis, quien le enseñó que el mostrador se lava con limón, lo cual es una tontería, en el fondo, porque aquí el limón cuesta y el agua basta, pero las tradiciones son las tradiciones y cada miércoles Aysuluu sacrifica un limón pequeño a la memoria de Saodat.
En el muro exterior de la carnicería, de madera pintada de azul que ya es gris, hay dos carteles. El primero, escrito en cirílico ruso con rotulador blanco, dice мясная лавка Айсулу, y lo hizo Aysuluu en el noventa y uno, cuando la Unión Soviética se disolvía y había que poner el propio nombre en las cosas. El segundo, más pequeño, debajo, está escrito en árabe: su abuela materna, Halima, que había venido de Jiva en el veintiocho, le había enseñado a Aysuluu a leer el árabe antes que el cirílico, y ese cartel dice carne, el precio es justo, entra. Es el modo en que Halima saludaba a los clientes.
Lo de Chongara es que nunca se ha movido. Su marido Talant llegó en el setenta y tres desde Aydarken, cuando la frontera era todavía una línea en el mapa que nadie había dibujado nunca sobre el terreno, y los pastores de Sokh llevaban los carneros a Chongara, y los campesinos de Chongara mandaban a los niños a la escuela de Aydarken porque estaba más cerca que la escuela de Karasu. Su padre era kirguís de Sokh, su madre uzbeka de Margilan. Había aprendido dos lenguas a la vez. Había aprendido a contar en las dos.
El veintitrés de junio llega, a las diez de la mañana, un funcionario kirguís de Botken con la lista. Se llama Beksultan. Tiene la barba corta, gafas, un bloc de papel en las manos. Aysuluu lo conoce de vista: el padre de Beksultan venía a comprar hígado de oveja a la carnicería una vez al mes hasta hace seis años. Beksultan tiene la lista de los comercios del pueblo de Chongara que desde hoy están en el territorio de la República de Kirguistán, y Aysuluu está en la línea cuatro. Beksultan le dice que antes del fin del día el cartel en cirílico debe sustituirse por un cartel en kirguís latino posterior a dos mil veintitrés y en ruso, y que el cartel en árabe, mi querida señora, usted lo sabe, ya debía haberse quitado hace diez años, pero por su abuela lo dejamos; ahora, sin embargo, con la nueva jurisdicción hay que ponerse en regla. Beksultan bebe un té. Sale. Aysuluu se queda con el destornillador en la mano.
Aysuluu piensa que el cartel en árabe es de Halima. Piensa que quitar el cartel en árabe significa quitar a Halima. Piensa que Halima en el veintiocho cruzó el desierto del Karakum en una caravana de siete camellos, se casó con un kirguís de Sokh en un año en que los uzbekos de Jiva eran deportados al este, aprendió el kirguís a los cuarenta y tres. Halima puso el cartel en árabe en el cincuenta y dos, bajo el gobernador ruso, y lo mantuvo bajo el gobernador uzbeko, y lo mantuvo bajo el gobernador kirguís del noventa y dos. Halima nunca discutió. Halima puso un cartel.
Aysuluu hace una elección, a las catorce y veinte. Coge el destornillador. Quita los tornillos del cartel cirílico, uno a uno, cuatro tornillos, diez minutos. El cartel cirílico cae en su mano izquierda. Lo posa sobre el mostrador, junto al limón del miércoles. Deja el cartel árabe donde está. Coge un rotulador indeleble negro y, bajo el árabe, escribe en kirguís latino: Aysulu kasapkana. Abrid, entrad, comprad, hablad. El cartel cirílico se queda sobre el mostrador como un calendario de su marido.
Aysuluu piensa en su hijo Aibek, que vive en Biskek y trabaja de ingeniero en las líneas eléctricas del Naryn. No lo ve desde Año Nuevo. Aibek le había dicho, hace dos años, que dejara de vender carne, que vendiera la carnicería, que se mudara a Biskek al piso del sexto con el ascensor. Ella había dicho «más adelante». Han pasado nueve años desde el pensamiento de Aibek, y la carnicería sigue aquí, y Aysuluu sigue aquí, y el cartel cirílico descansa sobre el mostrador como una decisión que ha dejado de ser una elección. A las dieciocho, el teléfono. Su primo Tahir, de Margilan, no llama. Lo hace cada viernes. Hoy es viernes. No llama. Aysuluu sabe que la cosa es el cartel, sabe también que la cosa no es el cartel: es la firma del padre de Tahir, hace veinte años, en un papel que le había vendido los derechos de la ladera sur del carnero. Tahir tiene sus razones.
El veinticuatro, Aysuluu abre a las siete. El muecín de Chongara es un chico de veintitrés años que se llama Asilbek, que viene a comprar un trozo de estómago de oveja después de la primera oración. Saluda. Dice algo. Aysuluu no sabe si ha dicho assalamu alaykum, en uzbeko, o salam, en kirguís. Se miran. Asilbek tiende la mano con el dinero. Aysuluu tiende la mano con el trozo. La respuesta no está dicha todavía.
hecho: El veintitrés de junio los dos pueblos de Chongara y Tash-Tobo, unos 2.500 habitantes incluidos kirguises étnicos, son transferidos de Uzbekistán a Kirguistán como parte de la demarcación de la frontera; a cambio Biskek cede una superficie igual y se abre el intercambio de 236 hectáreas para la carretera Aydarken-Botken (de 225 km a 55 km) (Times of Central Asia, Kabar).
mundo: Sobre Europa occidental una cúpula de calor lleva alertas rojas a Francia, el Reino Unido, España y Alemania, con más de cuarenta grados y muertes por el calor en el sur de Francia, y en Suecia un tren de mercancías descarrila por los raíles deformados por el calor (Al Jazeera, WMO). En el sur de Utah el Cottonwood Fire se convierte en el mayor incendio en curso de los Estados Unidos y arde fuera de control todo el fin de semana (Associated Press, NPR). En el aeropuerto Diori Hamani de Niamey un asalto reivindicado por el JNIM deja trece muertos, once soldados y dos civiles (ACLED, Wikipedia).
Variantes: 5.
Voce Calcedonio · Pneuma II.
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