La casa de Baraka Ngona ya no tiene techo. Las vigas están en el suelo del patio, tres largas y dos cortas. La pared del fondo está negra hasta la altura de un hombre.
La puerta está apoyada en el marco. No está montada. Para entrar se aparta a un lado y se vuelve a poner.
Dentro, en el rincón de la derecha, hay tres piedras. Son grises, planas por arriba, ennegrecidas por abajo. Están una al lado de la otra contra la pared.
Baraka llega a las seis y media. Lleva un saco de yute y un bote de hojalata. En el bote hay brasas del campamento, cubiertas de ceniza. El bote está tibio.
Deja el saco. Abre el bote. Mira dentro. Vuelve a poner la tapa.
Hace nueve meses que la gente de Bule está en Plaine Savo. El sitio está a cinco kilómetros. Desde aquí se ve la colina.
El quinto día volvieron once. Duermen en seis casas. Las otras no tienen paredes.
El agua está en la fuente, al final de la bajada. Son cuatrocientos metros y la subida de vuelta es empinada. En la fuente hay dos bidones amarillos y uno negro. El negro pierde por el fondo y lo guardan para el barro.
En el patio de la casa de al lado hay una azada sin mango. Hay también media silla. El resto de la silla no se ve.
A las siete menos diez pasan dos mujeres por delante de la cancela con ramas en la cabeza. No se paran. Van hacia las seis casas.
A las siete pasa el camión blanco por la carretera. Va despacio. Levanta polvo rojo hasta las ventanas que ya no están.
Baraka coge una piedra. La mueve veinte centímetros hacia la puerta. La piedra raspa el cemento. El ruido es largo.
Vuelve a poner la piedra donde estaba.
Dieudonné entra apartando la puerta. Ayer por la noche dijo delante de todos que no se hace fuego en los patios. Dijo una semana. Dijo que el humo también lo leen ellos.
Dieudonné mira el rincón con las tres piedras. Mira el bote. No dice nada. Sale.
A las ocho Baraka cava un hoyo dentro de la casa, contra la pared negra. El hoyo tiene un palmo de hondo. Mete dentro tres palos. Coge las brasas. Las vuelca. Sopla.
El humo sube y se para. No hay techo pero la pared lo retiene. El humo sale bajo por el lado del patio y se deshilacha a medio metro del suelo.
Baraka pone la olla sobre los palos. Dentro hay agua y mandioca. El agua no hierve.
Quita la olla. Apaga con tierra.
En Plaine Savo el humo se ve solo si sube. Si sube, se ve desde la colina. Desde la colina lo ve quien se quedó, y quien se quedó es Furaha con los tres niños, y Furaha mira la colina cada mañana, y cada mañana la colina no dice nada.
Baraka sale al patio. Camina hasta la carretera y vuelve. Son treinta pasos.
A las nueve y diez coge la primera piedra. La lleva al patio. La deja a cuatro metros de la puerta, sobre el cemento viejo del viejo hogar, donde el cemento es más claro.
Coge la segunda. La deja. Las dos piedras están a un palmo la una de la otra.
Coge la tercera. Por la carretera pasa el camión blanco en sentido contrario. El motor tapa el raspar de la piedra sobre el cemento. Luego el camión se va y el ruido se acaba.
La tercera piedra está en su sitio. Las tres piedras hacen un círculo.
Baraka trae los palos. Trae el bote. Vuelca las brasas dentro del círculo. Sopla dos veces.
El humo sube recto. No hay viento.
Pone la olla sobre las tres piedras.
Dieudonné llega desde el fondo del patio. Se para a tres metros. Mira la olla. Mira el humo.
«Te lo dije ayer.»
Baraka añade un palo.
Dieudonné se queda. Luego se sienta en la viga larga, de lado, con las manos en las rodillas. No llama a nadie.
El agua hierve a las diez menos cuarto. Baraka echa la mandioca. Tapa.
El humo sube toda la mañana. A las once la columna es alta como un árbol. A las dos todavía se ve.
A las tres pasa una patrulla a pie. Son cuatro hombres con cascos azules. Caminan por la carretera, no entran. Uno mira el humo. Luego miran hacia delante y se van.
Ese día no llega nadie.
Por la noche Baraka duerme en la casa, bajo el cielo. Las brasas se quedan en el círculo del patio, cubiertas de ceniza.
A la mañana siguiente, a las siete y veinte, se ve gente en la carretera. Son nueve. Caminan en fila. Dos llevan un colchón enrollado.
Furaha es la tercera. Los niños van detrás de ella. El más pequeño lleva en la mano una botella de plástico cortada.
Entran en el patio. Furaha se para delante del círculo de piedras. Pone la mano encima, abierta, a un palmo de la ceniza.
Baraka trae el agua. Llena la olla. La pone sobre las tres piedras.
Dieudonné llega con dos palos y los apoya en el suelo cerca del fuego.
Baraka coge un palo. Lo mete dentro. El humo vuelve a salir.
hecho: En Bule, en el territorio de Djugu, en Ituri, los habitantes han empezado a volver después de nueve meses pasados en el sitio de desplazados de Plaine Savo, a cinco kilómetros de sus casas. Eran más de cincuenta mil, y la misión de las Naciones Unidas ha reforzado sus patrullas. (Radio Okapi, 15 de agosto de 02026.)
mundo: Frente a Flores, en Indonesia, un terremoto de magnitud siete coma siete mata al menos a sesenta y nueve personas y echa de sus casas a más de doce mil ochocientas (Al Jazeera). En el sur del Líbano los ataques israelíes sobre Ansar y Deir El Zahrani matan a once, entre ellos tres niños y dos mujeres, y son los más graves desde la tregua de junio (The Times of Israel). En Sudán, en Umm Arda, en Kordofán, un ataque atribuido a las Fuerzas de Apoyo Rápido deja catorce muertos (Arab News).
Variantes: 5.
Lucido · Pneuma I.
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