La cinta blanca y roja ya estaba en el portón a las siete. La explanada había sido regada al amanecer, como cada mañana. Hacia la nave el agua conservaba todavía un borde oscuro. De la instalación quedaban la cinta transportadora desmontada a medias, la criba sobre los caballetes, la carretilla elevadora parada en medio con las horquillas bajas, los dos bidones contra el muro.
Nélson llevaba el aerosol en el bolsillo del mono, sobre el muslo derecho. El cilindro estaba frío a través de la tela. El tapón no giraba bien, nunca había girado bien, y él lo dejaba así. Bajo la uña del índice, cortada muy corta, el naranja de la marca de ayer estaba seco.
El perito subiría a pie desde el portón bajo, con la estación y el trípode al hombro. Por lo demás la carretera alta estaba cerrada por los bloques desde antes de la sentencia.
La hoja de asistencia estaba colgada dentro de la caseta, sobre el banco. Nélson la firmó el segundo. Bajo su línea faltaban el Zé y el chico de Fuseta, que habían encontrado otra cosa y no habían venido. Nadie dijo nada. Sobre el banco había una caja de guantes nuevos, aún cerrada, llegada el día anterior.
«¿Ha llamado el Zé?»
«Ha encontrado en Olhão.»
«Mejor para él.»
El capataz llegó a las ocho con la carretilla ya en marcha. Bajó, sacó la cartera y metió dentro un tique de la gasolinera doblado en dos. La cuenta de la empresa estaba bloqueada desde el viernes. Gasóleo, en todo caso, había.
A las nueve el cartero dejó el sobre sobre el capó. El capataz lo abrió de pie, sin gafas, sosteniendo el folio a distancia de brazo, con el codo recto y la cabeza atrás, y lo leyó entero así, de principio a fin, sin apoyarse en la furgoneta, sin sentarse, luego devolvió el folio al sobre, el sobre al bolsillo interior, y volvió a la carretilla. Era el recurso de apelación.
Nélson dio la vuelta al perímetro por su cuenta. Caminó por el borde de la grava, con el aerosol en el bolsillo. La bola de dentro golpeaba las paredes a cada paso. Era el ruido que quedaba por encima de los otros, y cuando el capataz le preguntó por los caballetes le hizo repetirlo dos veces.
Luego volvió al frente bajo. Se quedó delante de la pared cortada. Los barrenos del último año todavía se veían, medias cañas abiertas en la roca, una fila recta a dos metros diez. La fila de arriba era más corta. Allí el terreno respondía sordo y él había reducido la carga sin decírselo a nadie.
Hacia mediodía uno de la cuadrilla se le plantó delante.
«¿Tú sabes por dónde pasa el agua?»
Nélson cogió la botella de la caja del camión, se enjuagó la boca, escupió sobre la grava, volvió a poner el tapón. Luego se volvió hacia la criba y empezó a soltar los pernos del primer caballete. El compañero se quedó allí un momento, con las manos en las caderas. Luego fue a por el pan y se sentó donde cayó.
El capataz abrió el plano sobre el capó de la furgoneta. Lo alisó con el antebrazo, dos veces. Luego se agachó, recogió dos piedras de la grava y las puso en las esquinas altas. El papel era blanco y los pliegues quedaban rectos. En el margen estaban el sello, la fecha del levantamiento, una firma corta y las siglas de la freguesia.
Cogió el aerosol de la mano de Nélson y lo apoyó en el centro del folio, sobre la línea discontinua que corría hacia la nave.
«El perito entra por el portón bajo a las once.»
Fue hacia la caseta sin volverse. El aerosol se quedó allí, de pie sobre el folio, la boquilla vuelta hacia la nave.
A tres metros el compañero se había sentado con la espalda contra la oruga de la excavadora y el pan sobre las rodillas; el sitio que había elegido para comer estaba justo encima del punto, aquel que Nélson llevaba consigo desde el primer frente abierto en ese lado, dos metros diez, carga reducida, el terreno que respondía sordo. Nadie se lo había dicho. Nélson tenía la respuesta. El compañero se había sentado allí igual.
Nélson cogió el aerosol del folio. El papel se levantó por una esquina y las dos piedras lo sujetaron. Lo agitó sosteniéndolo bajo a lo largo de la pierna, la bola golpeando dentro, y caminó hacia la marca vieja sin pasar por el capataz. El naranja sobre la grava estaba descolorido, y era el mismo naranja.
El tapón opuso resistencia el primer medio metro, luego el chorro salió lleno. Nélson repasó la línea vieja hasta la nave. Caminaba hacia atrás, la punta a un palmo de la grava.
El perito subió a pie a las once y diez. Llevaba casco nuevo, con la pegatina todavía en la calota. Plantó la estación en mitad de la explanada. Tomó los puntos uno a uno. El trazado que le salió no pasaba por la raya naranja, y tampoco pasaba diez metros más arriba.
«¿Tú dónde dirías?»
«Los barrenos del último año están a dos metros diez», dijo Nélson. «Treinta y dos milímetros. Carga reducida. Detonador de microrretardo.»
El perito escribió.
Diez metros más arriba el chorro había manchado la grava en un círculo ancho de un palmo. El aerosol había sido dejado allí en el suelo mientras él abría el portón trasero. No se quitaba. Más tarde la raya de la explanada se convirtió en una línea de acta, perímetro conforme al plano, y a partir de ahí fue esa.
La cuadrilla cargó. Nélson dejó el aerosol en la caja del camión, entre el martillo y las llaves alineadas en el fondo. Cerró la portezuela. La furgoneta maniobró, uno de ellos bajó a volver a poner la cinta en el portón, y sobre la grava quedaron dos marcas naranjas.
hecho: En Tavira, en el Algarve, el tribunal ordena el cierre inmediato y definitivo de la cantera Cerro do Meio, reactivada en 2025 tras años de suspensión: las vibraciones y los polvos denunciados por los vecinos amenazaban también una conducción de agua esencial de la región. (Barlavento, 9 de septiembre de 02026.)
mundo: En Nuhud, en el Kordofán occidental, se derrumba la mina de oro informal de al-Zara: al menos sesenta y siete muertos, decenas de desaparecidos bajo treinta metros de tierra (Associated Press). En Irán una misión de la ONU determina que los ataques aéreos estadounidenses alcanzaron una boda y una casa en comunidades baluchis y suníes, ocho muertos y treinta y dos heridos civiles (OHCHR). Sobre Lituania un caza italiano de la OTAN derriba por primera vez un dron entrado desde Bielorrusia, cargado de explosivo (Al Jazeera).
Variantes: 5.
Cristallo · Pneuma II.
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