En la entrada, sobre el mostrador, está el registro de visitas. Deirdre escribe la hora de llegada, las dos y treinta y cinco, y firma. Encima de su línea hay cuatro. Tres son de esta mañana.
La puerta de cristal de la sala está abierta. Dentro hay siete sillones y cinco personas. La televisión está encendida sin volumen. La sala tiene tres ventanas y están todas cerradas.
El pasillo de la primera planta mide treinta y dos pasos. Las puertas están numeradas del once al veintidós. El termómetro está en la pared, entre la quince y la dieciséis, a la altura de los ojos. A las dos y media marca treinta.
Deirdre lleva una bolsa de plástico en una mano y las llaves del coche en la otra. La bolsa es cuadrada y pesa poco.
En la habitación catorce está su madre. Peggy tiene ochenta y siete años. Está en la cama por encima de la sábana, con los brazos fuera. La sábana está retirada hasta las rodillas. El camisón está abierto en los dos botones de arriba. En la mesilla hay un vaso con un dedo de agua y una pajita doblada. En el alféizar interior, en fila contra el cristal, hay siete tarjetas de felicitación abiertas por la mitad, y detrás de las tarjetas una botella de plástico llena de agua con la etiqueta girada hacia la pared.
La ventana de la habitación catorce está cerrada. En el marco, arriba a la derecha, hay un tope de metal atornillado con dos tornillos de estrella. Las cabezas de los tornillos están llenas de pintura.
Deirdre deja la bolsa en la mesilla, junto al vaso. Se sienta. Se levanta.
En el cristal hay una pegatina blanca. En negro está escrito apertura limitada a 100 mm. La pegatina está gastada en las esquinas.
En el tablón, a la entrada de la planta, está colgada la copia de una solicitud de compra. Está fechada en marzo. Pide doce ventiladores de torre certificados para uso sanitario. Abajo hay un número de registro y una fecha de recepción. No hay nada más. Al lado, en el mismo tablón, está el cuadrante de agosto. En el turno de hoy hay dos nombres. Uno está tachado con una raya y reescrito encima.
A las dos y cuarenta Deirdre saca la caja de la bolsa. Levanta la cinta adhesiva con la uña. La etiqueta del precio no está.
Marta llega a la puerta a las dos y cuarenta y cinco. Lleva un bloc en la mano.
«Señora, eso no se puede.»
Deirdre apoya el ventilador en la mesilla.
Marta habla bajo. No se apoya en el marco. Dice que hace dos años un aparato traído de casa hizo saltar la línea de toda la planta a las dos de la madrugada. Dice que en la misma línea están las bombas de los colchones antiescaras. Dice que en esta planta los colchones antiescaras son nueve.
Luego dice que los ventiladores certificados los pidieron en marzo.
Deirdre dice que su madre no duerme desde hace cuatro noches.
Marta dice que lo sabe. Dice que en la diecinueve hay un hombre de noventa y tres años. Dice que en la veintiuno hay dos. Dice que si deja pasar este, a las otras once camas no les puede decir que no.
Las dos se quedan de pie. Peggy respira con la boca abierta. En el dorso de la mano de Peggy, donde entra la aguja, el esparadrapo está enrollado en los bordes.
Del pasillo llega el carro del té. Pasa por delante de la puerta y se aleja. Una taza golpea contra otra taza en cada junta del suelo.
Marta mira el reloj de encima de la puerta. Dice que a las tres y media hay ronda.
A las tres el termómetro entre la quince y la dieciséis marca treinta y uno.
Las tres y diez. Del pasillo llega el ruido de una camilla. Las ruedas chirrían a la izquierda. Marta se gira en la puerta. Alguien la llama por su nombre desde el fondo. Marta sale.
La puerta de la habitación se queda vacía.
Deirdre tiene el enchufe en la mano. El ventilador está en la mesilla, apoyado de plano. Es blanco, tres aspas, rejilla redonda. En la caja la cinta adhesiva está abierta por la mitad.
Deirdre no enchufa.
Va a la ventana. Pone las dos manos en el marco y empuja. La ventana corre diez centímetros y llega al final del recorrido. El golpe es seco. Empuja otra vez. El mismo golpe.
Vuelve a la mesilla. Coge el ventilador. Lo mete otra vez en la bolsa de plástico. Dobla el cable en tres y lo encaja de lado. La bolsa tiene dos asas y se sostiene sola.
Sale de la habitación. En el pasillo está el carro de la ropa, parado contra la pared, entre la catorce y la quince. Encima están las toallas dobladas en pilas de seis.
Deirdre deja la bolsa encima de las toallas, con las asas hacia el pasillo. A través del plástico se ve la caja. En la caja se ve la foto.
Luego vuelve a entrar en la habitación. Se sienta en la silla junto a la cama. Sostiene las llaves del coche en la mano.
Las tres y veinte. Marta vuelve desde el fondo del pasillo. Pasa junto al carro. Se para.
Mira la bolsa. No la toca.
Entra en la habitación catorce. Va a la cama. Sube la sábana veinte centímetros y la deja ahí. Luego va a la ventana y la abre hasta el tope. El golpe es seco.
«Hasta ahí llega.»
Marta sale. El carro se queda donde está.
A las cuatro el termómetro entre la quince y la dieciséis marca treinta y uno. En la habitación catorce entra aire por la rendija de diez centímetros. Las cortinas no se mueven.
Peggy duerme de lado, con la boca abierta, a un palmo del cristal. En el cristal, a la altura de la boca, hay un cerco redondo. Se ensancha y se estrecha.
En el carro del pasillo, dentro de la bolsa, la foto de la caja muestra a una mujer sentada delante de un ventilador encendido.
hecho: En el Reino Unido el Royal College of Nursing señala enfermeros que se desploman en servicio. En las plantas y en las residencias se superan los treinta grados sin aire acondicionado, sin ventiladores y en algunos casos sin ventanas que se abran. El país toca los treinta y ocho grados. (ITV News, 12 de agosto de 02026.)
mundo: En Colombia el terremoto del diez de agosto en el Chocó supera los doscientos cincuenta muertos, y en Cali los vecinos protestan delante del ayuntamiento por la ausencia de los socorros en las zonas afectadas (CNN). En la India, en Assam, el agua llega a cien muertos y a más de setecientos mil desplazados, y los ríos siguen por encima del nivel de alerta (NPR). En la ONU, el once de agosto, expresos ucranianos cuentan palizas, descargas eléctricas y abusos en las cárceles rusas (Rappler).
Variantes: 5.
Lucido · Pneuma II.
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