La pick-up estaba cargada a medias cuando Efrén Mojarro bajó hacia el pozo, y a medias quería decir las dos redes para ganado, la silla con la cabeza astillada, cuatro postes de cerca, los dos bidones azules de veinte litros que en La Yesca venden sin tapón, mientras el resto seguía en el corral y ahí se quedaría hasta el viaje de la tarde. Su hijo esperaba con el motor encendido porque a las once estaba el notario en Huajimic, y el notario de Huajimic recibe hasta mediodía y luego cierra, y cierra de veras.
En el tablero, doblada en cuatro, estaba la carta de la Sedatu con la lista de los bienes entregados, que Efrén ya había leído tres veces y que volvería a leer, no para verificar, sino por ese modo que tienen las cosas escritas de volverse verdaderas a fuerza de ser releídas. Eran las ocho cuarenta del veintiséis de agosto. El trece, trece días antes, en una sola mañana, habían ejecutado tres restituciones en ese valle, y el valle desde entonces está restituido al setenta y uno por ciento, que es un porcentaje que dice poco a quien vive dentro.
Según el acta del perito, el bien entregado comprendía pozo con equipo de elevación: cinco palabras, que comprenden treinta y dos años de mantenimiento, dos sustituciones del impulsor, un rebobinado hecho en Tepic en dos mil catorce y el tubo, que al principio era de fierro galvanizado y en dos mil seis pasó a ser de polietileno negro porque el fierro en la tierra de Huajimic dura once años y luego se deshoja por dentro.
A doscientos pasos el comunero y el perito caminaban el perímetro con la rueda de medir, se detenían, marcaban, seguían, y no miraban hacia el pozo, porque el pozo era una cosa ya escrita y las cosas escritas, a diferencia de los linderos, no necesitan ser caminadas.
Efrén empezó a explicarle al hijo cómo estaba hecha la instalación, que era su manera de quedarse quieto. Le habló de la pendiente, que del pozo al bebedero hay un metro ochenta escaso en sesenta metros y que con esa pendiente la bomba se puede apagar y el agua en el tubo se queda, si el codo está a sesenta; con el codo a noventa el agua se regresa y a la mañana siguiente la bomba gira en vacío dos minutos y el motor se calienta, y un motor que se calienta en vacío cada mañana vive cuatro años en lugar de doce; y esto él no lo sabía en el noventa y cuatro, se lo había dicho un hombre de Ixtlán que pasaba vendiendo bombas y que después ya no volvió a pasar.
El bebedero lo había colado él, y en el borde, hacia la esquina de arriba, está la huella de un perro, entrada cuando el cemento todavía estaba blando, y el perro era de su hermana y se llamaba Reno y murió hace mucho tiempo, mientras que la huella se quedó, como se quedan las huellas en el cemento, que es el único material que guarda para siempre una cosa hecha por error.
El hijo miraba la hora, y a las nueve y cuarto le dijo a su padre que si la iba a agarrar, la bomba, era el momento de agarrarla.
A las nueve y veinte Efrén apoyó el dado en el primer tornillo y sintió enseguida que quedaba flojo un cuarto, como sabía que iba a quedar, porque el dado de diecisiete es métrico y los tornillos de la placa se habían comprado en Guadalajara en el noventa y cuatro junto con el cemento y son en pulgadas, y la pulgada justa es once dieciseisavos, y el dado de once dieciseisavos Efrén lo había perdido en dos mil ocho en un terreno que ahora tampoco es suyo. Giró de todos modos, y el tornillo salió con la pintura pegada, y giró el segundo, el del noreste, el que agarra sol toda la tarde y que de hecho salió más fácil. Luego la bomba arrancó.
Arrancó sola, como hacía cada mañana a las nueve y media desde que él mismo había ajustado el temporizador para agarrar la corriente de la tarifa baja, y empezó a mandar agua al tubo negro, y el tubo negro se puso rígido los sesenta metros hasta el bebedero, y en el bebedero el agua empezó a golpear.
Efrén volvió a meter los dos tornillos que había quitado, no los cuatro sino dos, los de la diagonal, que sostienen la placa fija sobre el pozo y aguantan muy bien una bomba que gira descargada, y aguantan un rato también una bomba que gira cargada, y después ya no aguantan; los metió a mano hasta el fondo y no los apretó con la matraca.
El hijo arrancó y Efrén no se subió, sino que hizo los doscientos pasos hasta el bebedero, donde el comunero ya había llegado con la rueda de medir todavía en la mano, y le dijo, con la misma voz con la que media hora antes le explicaba el codo al hijo, que los tornillos eran dos y debían ser cuatro; que el dado de diecisiete queda flojo y arruina la cabeza; que el bueno es de once dieciseisavos, americano, y que en Huajimic no lo venden, ni en La Yesca; que en Tepic sí, en una ferretería cerca del mercado, y que cuesta poco.
El comunero lo dejó terminar, luego dijo que lo iba a anotar, y no preguntó por qué se lo decía, y Efrén no habría sabido explicarlo, si acaso diciendo que una cosa que levantaste tú sigue siendo una cosa que levantaste tú aun cuando es de otro, y que esa es una propiedad de los objetos y no de las personas.
Se subió a la pick-up. La pick-up arrancó. La bomba siguió. El comunero regresó hacia el pozo con la rueda de medir todavía en la mano, se agachó sobre la placa de cemento y recogió la matraca.
hecho: El gobierno federal mexicano destina 56.466.000 pesos de indemnización a los ganaderos de Huajimic, en el municipio de La Yesca, y restituye 836,6 hectáreas de territorio ancestral a la comunidad wixárika de San Sebastián Teponahuaxtlán y a su anexo Tuxpan de Bolaños: el trece de agosto se ejecutan tres en una mañana, y el valle llega al setenta y uno por ciento de las 10.448 hectáreas reclamadas. (La Jornada, 19 de agosto de 02026.)
mundo: En Guangxi China desplaza a cincuenta y cuatro mil personas, y en el norte de Vietnam un deslizamiento mata a una en Lang Son mientras más de cuatro mil trescientas familias dejan su casa y casi cincuenta y cinco mil se quedan sin corriente (Reuters). En Sudán los desplazados de Kordofán superan los doscientos mil, y en Darfur occidental dieciocho mil personas dejan veinte aldeas en una semana, casi todas hacia Chad (Al Jazeera).
Variantes: 5.
Calcedonio · Pneuma II.
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