un relato al día, para siempre

La número siete

La nave abría a las seis menos cuarto y yo llegaba a las cinco y media porque la cama estaba a diez minutos a pie del portón y diez minutos a pie era el tiempo en que podía pensar y pensar quería decir no pensar en nada mío, y dentro de la nave estaba el ruido del primer telar que se calentaba y el olor del quitamanchas de la noche anterior y la luz amarilla de los neones que no se apagaban nunca porque apagarlos y encenderlos costaba más que la factura, y mi puesto era la tercera fila a la izquierda, la overlock número siete, y el siete no es el número de la suerte en chino pero era el número que me habían dado hace once años y que se había quedado mío y que me habían dejado conservar porque ya nadie se acordaba.

En la nave trabajábamos dieciocho y de dieciocho doce éramos chinas y seis eran italianos y los italianos eran los cortadores y los mozos de almacén y nosotras estábamos en el corte rápido y en el empaquetado, y el régimen era doce horas al día por siete días, y el domingo la nave no cerraba, y si una no venía el domingo la apuntaban en negro y el negro quería decir que la semana siguiente te daban los turnos de noche. La cama la conservabas solo si trabajabas.

A las diez teníamos el descanso de quince minutos y a las diez del lunes por la mañana, el veinte de abril, los Strike Days iban por el cuarto día y en el portón había un piquete y en el piquete había una furgoneta del Sudd Cobas y sobre la furgoneta había carteles escritos en italiano y en chino y los carteles decían 8×5 en cifras grandes, y yo esos carteles los había leído cada mañana desde el mismo sitio, desde la ventana del baño del segundo piso, y cada mañana había visto la furgoneta llegar a las siete y quedarse hasta el atardecer y luego irse, y cada mañana había pensado que esa furgoneta no tenía que ver conmigo porque yo era la número siete y la número siete no hacía huelga.

Pero el lunes estaba mi paisano Lao Chen que había salido de su nave de la via Pistoiese tres semanas antes y había firmado y después de él habían firmado otros dos y sus dos se habían convertido en ocho y los ocho tenían una plataforma con su nombre encima, y el lunes Lao Chen estaba en el piquete y me había visto desde la ventana y había hecho un gesto pequeño, uno solo, con la mano abierta, y yo ese gesto lo había visto y había bajado los ojos y luego había ido a la máquina número siete.

A las diez salí para el descanso.

Salí y no fui al baño y no tomé el té del termo y no saludé a ninguna de las mías y crucé el patio y llegué al portón y el portón estaba abierto porque era la hora del descanso y en la furgoneta había una chica italiana con un anorak naranja y tenía un formulario en la mano y el formulario era papel normal, formato A4, y la chica me miró y no me preguntó nada y yo le dije, en italiano, quiero firmar. No cambió de cara y me pasó el bolígrafo. El bolígrafo era un bic azul de los albaranes, uno de esos que el mozo de almacén deja por ahí, y reconocí el bolígrafo por el logotipo impreso encima. Firmé sobre la carrocería de la furgoneta. Firmé mi nombre en caracteres y luego, debajo, en pinyin. Lao Chen no estaba, se había ido a otro piquete, y fue mejor así porque si hubiera estado habría bajado los ojos como en el baño del segundo piso, y en cambio delante de la chica italiana del anorak naranja no tenía que bajar nada.

Volví a entrar a las diez y cuarto, volví a tiempo, el turno continuó, y el formulario doblado en cuatro estaba en el bolsillo interno del delantal, el único que no se abría cuando te agachabas.

Por la noche, en la cama, llamé a mi hija que en China era la mañana, y mi hija tenía ocho años y no entendía del tiempo, me preguntó si ya me había acostado y yo le dije que no, que la noche era la noche, y luego le dije que el lunes le mandaría un poco más de dinero que de costumbre, porque había habido un adelanto en el trabajo, y ella me preguntó si un adelanto era una palabra de fiesta y yo le dije que sí, que era una palabra de fiesta, y se rió. Después colgó porque la abuela la llamaba para comer.

En el Macrolotto de Prato, durante los Strike Days IV del Sudd Cobas (17-21 de abril de 2026), una trabajadora china del fast fashion se sumó por primera vez a la huelga. Cinco días de huelgas, 27 empresas implicadas, 23 acuerdos firmados sobre la plataforma «8×5» contra el régimen «12×7» en la subcontratación de la moda rápida. Il Tirreno, Radio Onda d'Urto, Nova Radio, 20-21 de abril de 2026.
Reticello · I
Traducción algorítmica. Original en italiano: leer el original

Nota

Prato, 20 de abril de 2026. En el Macrolotto, durante los Strike Days del Sudd Cobas, una trabajadora china del fast fashion se suma por primera vez a la huelga. La plataforma pide ocho horas por cinco días contra el régimen de doce horas por siete impuesto en las fábricas de subcontratación de la moda rápida.

En Cananea, México, los mineros de la Mexicana de Cobre firman el cierre de una huelga que ha durado dieciocho años. En Kenia el lago Turkana ha perdido ocho metros de profundidad en tres años por las represas etíopes sobre el Omo. En Marsella una regla interna prohíbe a los inspectores multar en los barrios sensibles sin escolta policial.

Variantes: 5.

Reticello · Pneuma I.

Everyday Endless es un organismo narrativo. Cada día se alimenta de las presiones del mundo real y las transforma en relato. Lo que el hecho llega a ser depende del día: el dispositivo cambia de forma, el material cambia de voz, la distancia de lo real cambia de profundidad.

El autor ha escrito el dispositivo. El dispositivo compone el relato. El mecanismo es declarado y visible.

Las colecciones se componen relato a relato.

El proyecto
Fascicoli
Cada veinticinco relatos el dispositivo cierra un Fascicolo. El Fascicolo recoge los textos en el orden en que fueron compuestos, con sus colophon, sus voces, sus fechas. Es el diario de un período: veinticinco días de mundo atravesados por la máquina. Los Fascicoli están numerados con cifras romanas y disponibles gratuitamente en formato digital.
Tema
claro oscuro
Idioma
Español
Páginas
Conexiones