Garang Mayen Deng llegó a la sede del South Sudan Council of Churches en Yuba a las nueve del veinticuatro de abril. Tenía setenta y nueve años. Había nacido en 1947. Había sido oficial del Ejército Popular de Liberación de Sudán de 1983 a 1992, luego maestro de escuela primaria en Bor hasta el retiro. Había viajado dos días. De Bor a Yei en jeep, de Yei a Yuba en un minibús compartido. Llevó el bastón entre las rodillas durante todo el viaje. El bastón se llamaba rweng en su lengua. Era de caoba local. Tenía el extremo superior redondeado por la palma de tres generaciones.
En la entrada lo registró un joven empleado de camisa blanca. Le dio una credencial de plástico con su nombre impreso y un cordón azul para colgar al cuello. Garang la tomó pero no se la puso al cuello. La tuvo en la mano junto con el bastón.
La sala de reuniones estaba en el primer piso. Mesa larga de caoba pulida. Catorce sillas. Tres ventanas que daban a la calle, donde un vendedor de mangos pasaba cada veinte minutos.
Garang entró. Vio la disposición. A la derecha, siete hombres jieng. A la izquierda, siete hombres nuer. Bor, noviembre de 1991: una facción nuer atacó la ciudad dinka, tres mil muertos en dos semanas, los rebaños dispersados. Bor, diciembre de 2013: la ciudad quemada por segunda vez. Guerra civil 2013-2018, fuerzas dinka del gobierno contra fuerzas nuer de la oposición: cuatrocientos mil muertos, cuatro millones de desplazados. Jonglei, tres de febrero de 2026: la aviación del gobierno bombardeó el hospital de Lankien. Pankor, veintiséis de febrero: civiles muertos mientras en el Council of Churches se celebraba la consulta de los ancianos. Doscientos ochenta mil desplazados en Jonglei.
Entre los siete jieng, Garang reconoció a dos hombres que conocía de antes de 1991. Entre los siete nuer, a uno solo. El hombre que conocía se llamaba Kuol Riek. Habían tenido las tierras colindantes en Bor. Habían compartido los pozos en la estación seca durante veintidós años. Los rebaños de las dos familias pastaban juntos de septiembre a marzo. Los rebaños dispersados en noviembre de 1991 nunca habían vuelto a recomponerse. Se habían visto por última vez ese mes. Kuol había combatido con la facción de Nasir de 1991 a 1995, luego se había hecho funcionario civil en Malakal. Garang y Kuol nunca se habían encontrado en batalla. Kuol tenía el bastón apoyado en el costado derecho, contra la pata de la silla.
El moderador era un pastor presbiteriano de nacionalidad keniana. Se llamaba reverendo Wamai. Hablaba inglés y dinka. No hablaba nuer. La traducción al nuer estaba confiada a una mujer joven. Se llamaba Nyamal. Tenía veinticuatro años.
El moderador abrió a las nueve y cuarenta. Dijo que el protocolo del proceso de paz preveía tres días de consultas. Dijo que el primer día estaba dedicado a la escucha. Habló veinte minutos. Citó el Acuerdo Revitalizado sobre la Resolución del Conflicto en Sudán del Sur de septiembre de 2018. Citó la conferencia consultiva del Council of Churches del veintiséis de febrero de 2026. Las frases eran largas. Las frases eran educadas. Garang escuchó. Las manos las tenía planas sobre la mesa, palmas hacia abajo, a los lados de la credencial que todavía no se había puesto al cuello. El bastón estaba entre sus rodillas.
Nyamal le acercó el agua a Garang. Se la acercó con la mano izquierda, porque estaba traduciendo para Kuol Riek a su derecha y tenía la derecha ocupada. Garang la tomó con la mano izquierda. Mantuvo la derecha quieta sobre la mesa, palma hacia abajo. La mano izquierda no era la mano correcta para recibir agua de una mujer más joven. Garang la tomó de todos modos. Bebió un sorbo. Posó el vaso.
En ese momento el moderador propuso una pausa de diez minutos.
Nadie se levantó. La sala quedó quieta. Hasta el ruido de la calle, fuera, pareció atenuarse: el vendedor de mangos había pasado siete minutos antes y no volvería a pasar en otros trece.
Garang se levantó. Tomó el rweng. Lo tomó con las dos manos, por los extremos. Caminó los cuatro pasos que lo separaban del centro de la mesa. Puso el bastón en horizontal sobre el tablero, a lo largo del eje longitudinal, de modo que separara a los siete jieng de los siete nuer. Lo soltó. Volvió a su silla. Se sentó.
El bastón quedó posado en el medio. La luz de las tres ventanas lo tomaba desde atrás. Hacía una sombra delgada sobre la caoba de la mesa. La sombra llegaba hasta el borde opuesto.
El moderador no habló. Buscó con los ojos su apunte. Lo encontró. Lo dejó.
Kuol Riek se levantó.
Se levantó lentamente, porque tenía setenta y siete años y una cadera operada en 2019 en Jartum. Tomó su propio bastón del costado de la silla. Era de madera de teca. Se llamaba kwoth. Caminó los cuatro pasos. Puso su bastón sobre la mesa, paralelo al de Garang, a unos quince centímetros de distancia, a lo largo del mismo eje. Volvió a su sitio. Se sentó.
Ahora en el centro de la mesa había dos bastones. Paralelos. A quince centímetros uno del otro. El bastón de caoba y el bastón de teca. Las dos sombras sobre la caoba de la mesa estaban casi superpuestas: la luz las confundía.
Nyamal, la traductora, dejó de traducir. Tenía el lápiz quieto sobre el cuaderno. No sabía qué escribir.
El moderador dijo, en inglés: señores, ¿volvemos a la agenda?
Garang respondió, en dinka: no. Partamos de los bastones.
Nyamal tradujo, en nuer: el viejo dice que empecemos por los bastones.
Kuol Riek asintió.
El viejo de los jieng a la derecha de Garang tenía setenta y dos años. Había sido maestro de escuela primaria en Bor. Era un primo lejano de Garang. Había perdido al hermano y a dos hijos en noviembre de 1991. Dijo, en dinka: empecemos por los bastones.
Nyamal tradujo.
El más joven de los nuer, un hombre de cuarenta y tres años, comandante de un sector del Ejército Popular de Liberación de Sudán en la Oposición en la región de Leer hasta el alto el fuego de febrero de 2025, última acción documentada en Mayendit, miró su propio bastón. Era de metal y plástico. Reciente. Se levantó. Caminó los cuatro pasos. Puso su bastón sobre la mesa, paralelo a los otros dos, a quince centímetros del kwoth de Kuol, a lo largo del mismo eje. Volvió a su sitio. Se sentó. Dijo, en nuer: empecemos por los bastones.
Nyamal tradujo.
El moderador tomó su apunte y lo giró boca abajo sobre la mesa. Dijo: empecemos por los bastones.
Nyamal retomó el lápiz. Escribió una línea en el cuaderno. No era una traducción.
Ahora en el centro de la mesa había tres bastones. Paralelos. A quince centímetros uno de otro. Dos de madera antigua y uno de metal reciente. Tres sombras sobre la caoba pulida: las dos primeras casi superpuestas, la tercera más recta y nítida. La luz las componía en una sola línea quebrada.
Los tres bastones permanecieron paralelos en el centro de la mesa durante el resto de la mañana. La luz de las tres ventanas se desplazó sobre la caoba pulida. Las tres sombras se separaron unos centímetros hacia las once. Volvieron a acercarse hacia el mediodía. A las doce y diez volvieron a confundirse en una sola línea.
hecho: Sudán del Sur, Yuba. El South Sudan Council of Churches está intensificando el trabajo de pacificación entre las comunidades jieng (dinka) y nuer tras el regreso de la violencia. Conferencias entre ancianos de las dos comunidades se celebran en el Council of Churches después de la conferencia consultiva del 26-27 de febrero de 2026. (Anglican Communion News, abril de 2026; OHCHR South Sudan briefing abril de 2026.)
mundo: En Roma se celebra el octogésimo primer aniversario de la Liberación. En Tokio abre el Craft Symposium 2026. En Dakar se celebra la African Sustainability and Fashion Week. La provincia vietnamita de Đồng Tháp está implicada en la tarjeta amarilla de la Unión Europea sobre la pesca ilegal. En Indonesia treinta y cinco pueblos pesqueros se organizan para la defensa de las costas. En Mongolia novecientos chamanes llegan de veintisiete países para la reunión anual.
Variantes: 5.
Incalmo · Pneuma I.
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