El dal está al fuego desde las seis. Sunita lo revuelve con el cucharón largo. Fuera llueve desde hace tres días y no se oye la lluvia, se oye el río. El Semrawal está a cuatrocientos metros del patio y cuando va lleno lo notas por la pared. Lo notas con la mano apoyada en la pared.
El suegro está sentado en el umbral. Se llama Ramautar. Tiene sesenta y cinco años y desde hace cuarenta se sienta ahí con la espalda recta contra la jamba.
Esta mañana se sienta torcido.
Sunita lo ve desde la cocina. Deja el cucharón. Va al umbral y le pone la mano en el cuello y el cuello está frío y mojado. Él dice que no es nada. Lo dice dos veces.
El marido llama a la ambulancia a las siete y veinte. Del hospital de Satna dicen cuarenta minutos. A las ocho y diez el conductor vuelve a llamar y dice que está parado en Sohas, que el agua ha tomado la carretera después del poste y que más adelante no va, y que los espera ahí.
De Sohas al patio hay tres kilómetros.
Al patio llegan el vecino Chhotu y el hijo de Chhotu. Llega el chico de la tienda. Llega Ramkishore, el yerno, el que tiene el tractor y el que se sabe el camino.
Ramkishore dice de esperar dos horas. Dice que a media mañana el agua siempre baja. Dice que esta mañana la corriente se ha llevado un búfalo de los Yadav y que el búfalo lo han encontrado en el puente.
Los hombres hablan en el patio y la lluvia les cae encima y nadie se mueve bajo el cobertizo. Mientras hablan Sunita ha ido a la pared donde está el catre, lo ha desatado y ha tensado las cuatro cuerdas de cáñamo una por una, como se tensan cuando tienen que aguantar un peso. Lo ha puesto de pie contra la pared. Se queda ahí con las manos en los dos palos, quieta, y nadie se da cuenta hasta que levantan la cabeza y la ven con el catre en las manos.
Ramkishore se quita la camisa.
La tira en la silla. Se gira de lado. Encima de la rodilla derecha tiene una marca larga como un palmo, clara sobre la piel oscura, y la enseña con dos dedos.
«En julio. Tercera curva después del poste.»
Dice que ahí el fondo se ha comido la carretera. Dice que hay un hoyo ancho como un búfalo y no se ve, porque el agua de encima está quieta y parece baja. Dice que si el catre vuelca ahí, con un hombre encima, luego responden sus hombros delante de todo el pueblo, y no es poca cosa, y él lo sabe porque ya ha estado en medio del agua y sabe cómo tira.
Tiene razón. Los seis saben que tiene razón.
Sunita no responde. No sabe decirlo. Tiene en las manos el peso del catre y el peso es lo único que sabe decir. Entonces da el paso. Apoya el catre en el suelo, en el barro, y lo sujeta con el pie, mientras Chhotu y su hijo cogen al suegro por las axilas y lo bajan. Él dice otra vez que no es nada, y lo dice bajito.
Nadie ha dicho que sí. Seis personas se mueven.
Salen del patio a las ocho y cuarenta. Delante Chhotu y su hijo, detrás Sunita y el chico de la tienda, a los lados el marido y Ramkishore, que se ha vuelto a poner la camisa y camina delante de todos e indica dónde poner los pies.
El agua primero está por el tobillo. Luego por la pantorrilla. Luego por el muslo.
Las cuerdas de cáñamo se tensan y hacen un ruido que se oye bajo la lluvia. El catre se dobla por el medio y el doblez se ve. Ramautar tiene las manos cruzadas sobre la barriga y no se agarra a los palos.
En la tercera curva después del poste Ramkishore se para. Entra él primero. Da cuatro pasos hacia la derecha, fuera de la línea de la carretera, dentro del campo, y levanta el brazo. Pasan por ahí. El agua ahí está más alta y la corriente es menos, y se pasa en fila, de uno en uno, con el catre en alto sobre los hombros.
Sunita a cada paso dice el nombre. Lo dice para llevar el ritmo.
Ramautar. Ramautar. Ramautar.
El chico de la tienda resbala una vez y se levanta solo. La bolsa de Chhotu, con las medicinas viejas, se va al fondo y nadie se vuelve a cogerla.
La ambulancia está después de la curva, con el motor encendido y los faros encendidos aunque es de día. Son las nueve y veinticinco. Abren el portón y lo cargan y el conductor dice que suban dos, y suben el marido y Sunita, y Ramkishore se queda en la carretera con los demás y los mira marcharse.
El catre se queda en el arcén. Lo dejan ahí, apoyado en el palo de la señal, con el barro cayéndole de las cuerdas.
Dentro de la ambulancia Sunita le tiene la mano. La carretera de Sohas a Satna está asfaltada y lisa y no se nota nada. Ella sigue diciendo el nombre, ahora bajito, ahora ya no para llevar el ritmo.
Ramautar. Ramautar.
Y espera que responda.
hecho: En Semra, en el distrito de Satna, un hombre de sesenta y cinco años es llevado a hombros en un catre unos tres kilómetros por familiares y vecinos, porque el río Semrawal crecido ha inundado la carretera y la ambulancia se ha parado a mitad de camino. (Free Press Journal, 3 de septiembre de 02026.)
mundo: En el condado de Suichuan, en Jiangxi, un corrimiento de tierra bajado a las cuatro de la madrugada del sábado con las lluvias del tifón Saudel daña doce casas: los muertos confirmados suben a tres y nueve personas siguen desaparecidas (Washington Post). En Boston unos mil trescientos trabajadores del Encore Boston Harbor paran el trabajo por el fracaso de la negociación del convenio, y piden salarios más altos, protecciones laborales y cobertura sanitaria (OnLabor).
Variantes: 5.
Soffiato · Pneuma I.
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