El tarro llevaba tres años en la mesa de la cocina, dentro del tarro estaban los pellets, pequeños, blancos, redondos como lentejas de plástico, cada mañana añadía uno o dos o cinco, dependía de cuántos encontraba en la orilla, la orilla siempre tenía, tenía como la playa tiene arena, nadie los veía excepto yo. Los recogía con los dedos. No con guantes, no con una paleta, con los dedos, porque con los dedos sientes la consistencia, la consistencia del plástico, lisa, ligera, al cabo de un rato los dedos reconocen el pellet antes que los ojos, los dedos lo encuentran en la arena como encuentran una moneda en el bolsillo, sin mirar. Judge se quedaba en el porche y me miraba recoger, Judge no entendía qué recogía y no le importaba, era un perro, un mestizo con una oreja levantada y otra doblada, el pelo color barro, lo había llamado Judge porque la primera vez que lo vi me miró como si me estuviera juzgando y seguía mirándome así cada día, cada día el juicio era el mismo.
Había nacido en Seadrift, en Seadrift estaba la bahía, en la bahía estaban los camarones, los camarones eran el trabajo. Mi padre pescaba, yo pescaba, la bahía era la cosa de la que Seadrift hablaba, en el bar, en el mercado, en la iglesia. Después llegó la planta. No llegó de golpe, llegó como llegan las cosas grandes, una pieza a la vez, un permiso a la vez, un galpón a la vez, cuando terminabas de contar los galpones había cuatrocientos, la planta cubría cuatro mil ochocientos acres, producía polietileno, poliéster, glicol, cosas con nombres que no sabía pronunciar que terminaban en todo, en los cosméticos, en los detergentes, en las pinturas, en las cosas que la gente compraba sin saber que venían de ahí, de Seadrift, de la bahía donde mi padre pescaba. La planta daba trabajo. Dos mil personas. Dos mil sueldos. Nadie decía nada porque nadie dice nada cuando el sueldo llega.
Los pellets habían empezado antes de que yo los viera. Estaban en el canal de descarga, el canal los llevaba a la bahía, de la bahía iban a la orilla, de la orilla yo los recogía con los dedos, los metía en el tarro. Treinta y siete días de descarga documentada entre julio de 2020 y julio de 2021, decía la denuncia de Texas, treinta y siete días, yo pensaba en los días no documentados, en los días que nadie había contado, en los pellets que habían salido del canal sin que ningún documento los registrara, esos pellets estaban en la bahía, en la arena, en las branquias, en el estómago de quien comía el pescado, los científicos decían que cada semana un adulto ingiere el equivalente de una tarjeta de crédito en microplástico, yo pensaba en las tarjetas de crédito, pensaba en los pellets, nadie quería ver la conexión. Después la planta había pedido el permiso. No el permiso de parar. El permiso de seguir. El permiso de descargar los pellets legalmente, de cambiar la palabra en el formulario de "trazas" a algo más amplio, algo que contuviera los pellets sin llamarlos pellets, el formulario era el formulario, la palabra en el formulario era más fuerte que los pellets en la bahía porque la palabra en el formulario era ley, los pellets en la bahía eran solo pellets.
La huelga de hambre la había empezado el 2 de marzo. No porque funcionara. No porque creyera que alguien iba a cambiar de opinión. La había empezado porque el cuerpo era el último argumento que tenía. Había hecho la demanda. Había hablado con los periódicos. Había recogido pellets durante tres años, los había metido en el tarro, el tarro estaba en la mesa, nadie lo miraba, entonces dejé de comer. Las zapatillas blancas estaban a los pies de la cama, las mismas zapatillas que usaba en la playa, en el mercado, en el tribunal, no sabía por qué siempre estaban blancas, siempre las mismas, no me lo preguntaba. La lata de Dr Pepper estaba en la mesita de noche, vacía, la última antes de la huelga, no la había tirado, estaba ahí. (No tiro las cosas que se terminan. Las dejo donde se terminaron.) Judge en el porche me miraba con su juicio que no cambiaba, a la mañana siguiente me levantaría, las rodillas harían ese ruido que hacen las rodillas cuando no comes desde hace seis días, bajaría a la orilla, buscaría con los dedos en la arena, los dedos encontrarían. El tarro estaba en la mesa. Me sentía más ligera que el tarro.