La cuerda la tenía yo y era una cuerda de cáñamo vieja que el patrón no renovaba desde hacía años y estaba anudada en dos puntos y en un punto ya se había roto una vez y la habíamos atado con un cordel y ese cordel lo veía bien porque estaba justo ahí donde la cuerda me pasaba por el puño cerrado cuando Arun bajó el primero, y Arun era el más joven de los cuatro que trabajábamos en la Marwah Printers desde febrero, había llegado el último a Sultanpuri, de un pueblo del Bihar que yo no sabría ni nombrar, y el supervisor Jayant aquel día había dicho «bajad a limpiar la fosa, hoy no hay máscaras, se las han llevado al almacén de la otra fábrica y nadie ha ido a recogerlas, pero es cosa de media hora, hacedlo rápido».
Y nosotros no habíamos dicho nada porque no se dice nada cuando llevas cuatro meses ahí y el alquiler del cuarto en Sultanpuri lo pagas repartiéndolo entre tres con otros dos primos y tu madre en el pueblo espera el dinero cada semana, y entonces Arun se pasó la cuerda alrededor de la cintura y se descolgó dentro de la fosa, que era estrecha y honda, y el olor ya lo sentíamos desde el borde pero Arun dijo «todo bien» y empezó a bajar, y yo tenía la cuerda y sentía el peso de Arun que me tiraba hacia abajo despacio y sentía sus pies en la escalerilla de hierro que iban un peldaño a la vez.
Luego la cuerda se aflojó.
Se aflojó como cuando el peso ya no está. Yo grité «Arun, Arun, responde» y Arun no respondía y Sandeep había venido al borde de la fosa y Sandeep tenía treinta y dos años y una niña de dos años en Sultanpuri y dijo «bajo yo a por él», y Sandeep me arrancó la cuerda de las manos y se ató y bajó, y esta vez yo tenía la cuerda sabiendo ya algo, y ese algo era que dentro de la fosa había un aire que hacía daño a los pulmones, y Sandeep llegó a la mitad y me di cuenta de que la cuerda se estaba aflojando otra vez, y Sandeep desde el fondo no dijo nada, y Chand, que era el más viejo de nosotros y tenía cuarenta y dos años y cuatro hijos y una ciática que lo hacía caminar torcido, Chand me arrancó la cuerda de las manos y dijo «qué cuerda inútil» y bajó también él.
Y yo estaba solo en el borde con la cuerda en la mano por tercera vez y la cuerda se había puesto pesada porque estaba quieta, y quieta quiere decir que ahí abajo no se mueve nadie, y di un paso hacia el borde y puse el pie en la escalerilla de hierro y el olor me llegó a la cara como una bofetada suave, y Ramesh, que estaba en la otra parte del patio, me vio y corrió y me agarró por la camisa, me tiró hacia atrás, me dijo «tú no, Vinod, tú no». Y yo me quedé de pie con la cuerda en el puño y el pie todavía en el primer peldaño y Ramesh que me sujetaba.
Habría podido bajar y habría muerto como los otros tres, esto lo sé ahora y lo sabía también entonces pero no de forma clara, lo sabía de forma sucia, como se sabe una cosa cuando la cabeza te dice una cosa y el cuerpo te dice otra, y Ramesh me sujetaba la camisa y yo solté la cuerda. La cuerda se quedó en el borde de la fosa.
Los bomberos llegaron a las doce y veinte. Sacaron primero a Arun, luego a Sandeep, luego a Chand. Arun estaba todavía caliente. Sandeep tenía la boca abierta como quien va a decir algo. Chand tenía los ojos cerrados y parecía que descansaba después de un turno largo, y yo pensé que Chand descansaba siempre así, en el suelo del vestuario, durante la pausa. Pusieron los cuerpos en fila junto al muro. El médico llegó después. Dijo las mismas palabras tres veces. Brought dead. Tres veces. Brought dead.
Yo llamé a la mujer de Arun. Se llama Lakshmi y vivía a tres puertas de mi cuarto en Sultanpuri. Le dije «Lakshmi» y luego no supe decir nada más y Lakshmi entendió porque a la tercera vez que decía Lakshmi sin decir nada más dejó caer el teléfono y la oí gritar al otro lado, y luego un vecino cogió el teléfono y me dijo «qué ha pasado» y yo dije «la fosa, la fosa, la fosa», y luego el vecino colgó.
La policía llegó y se llevó a Jayant y luego fue a por el patrón Suraj Marwah y el contratista Neeraj que nos había mandado allí sin máscaras. Yo hice la declaración y firmé y el agente me preguntó si quería beber algo y yo dije que no.
Salí del patio de la Marwah Printers al atardecer. La cuerda seguía en el borde de la fosa, la habían dejado allí como la había dejado yo. Me senté en el terraplén industrial detrás de la fábrica y miré el sol bajar. Tenía las manos vacías. Me di cuenta de que no había soltado bien la cuerda: todavía tenía un trocito en el puño, un pedazo arrancado, largo como un dedo. Apretado. Lo tenía desde que Ramesh me había tirado hacia atrás y no me había dado cuenta. Ahora me daba cuenta. Lo miré. No lo solté.
hecho: En Mundka, zona industrial de Delhi, tres obreros murieron por gases tóxicos dentro de una fosa séptica en la planta de Marwah Printers. Entraron uno tras otro para socorrer al primero, sin máscaras. Detenidos el propietario, el supervisor y el contratista (India TV News, ANI News, The Patriot).
mundo: En Inglaterra, en Santon Downham, en Suffolk, el termómetro marca 37,3 grados centígrados: es el récord de junio para el Reino Unido, sesenta y nueve años después del anterior (UK Met Office). En la otra costa del continente, la Organización Mundial de la Salud cuenta más de 1.300 muertes en exceso por la ola de calor desde mediados de semana, en Francia cerca de mil (France 24). En Londres, la BBC cierra la onda larga en 198 kilohercios después de setenta y ocho años: solo queda en antena un bucle de redirección (BBC News).
Variantes: 5.
Reticello · Pneuma I.
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