El toldo se monta el dieciocho de agosto, después de comer, en el patio de la casa de Wei Fugui, en Xinbao, municipio de Dongdi.
La lona es azul, de las de obra, ocho metros por seis. Es prestada. Los palos son cuatro, de bambú, y están apoyados en la pared desde la boda de marzo.
Las mesas son nueve. En cada mesa: la tetera, el plato de cacahuetes, los vasos pequeños, el paquete de cigarrillos abierto.
La fiesta es para el hijo del hermano. El chico ha entrado en la universidad. La carta llegó el doce.
El primo que apunta los nombres pregunta dónde poner la mesa de los viejos.
«A la sombra» dice la madre.
La mesa de los viejos va debajo de la lona, del lado del gallinero, que es el lado donde la lona queda un palmo más baja porque el palo de ese lado se combó en la boda de marzo y nadie lo ha cambiado.
A las dos menos cuarto la lona está tendida y faltan los tensores.
Hace calor y el cielo está blanco. No hay viento.
El chico se llama Xiaobo. Tiene diecinueve años. Es el primero de la casa que va a la universidad.
El cartel con la nota está colgado del tendedero, entre la camiseta del equipo y un trapo de cocina. Lo ha escrito la madre con rotulador rojo.
A las dos llegan los parientes de Dongdi. A las dos y media los que vienen de fuera del condado. Traen los sobres rojos y los dejan en la mesa junto a la puerta, donde un primo apunta los nombres en un cuaderno.
«Cuántos somos» pregunta la madre.
«Nueve mesas» dice Fugui.
Fugui monta toldos desde hace veinte años. Los ha montado para dos bodas, para un funeral, para la apertura de la tienda y para la fiesta de la calle nueva. Sabe dónde van los palos. Sabe que la lona coge el viento como una vela y que el viento, aquí, en agosto, no hay.
En el agua no piensa nadie, y de todos modos la lona está en pendiente hacia el oeste.
Ese día, en la provincia, la lluvia cae de un modo que los boletines registran por puntos: en Shulin, distrito de Dongpo, caen ciento dieciocho milímetros en veinticuatro horas, que es el máximo de la provincia. En el condado de Wenchuan la nacional G350 queda cortada por dos desprendimientos. En el condado de Pengshan el río Min crece. En sesenta y cuatro condados veintiún mil setecientas ochenta y cuatro personas son trasladadas de las zonas de riesgo antes de que pase nada, y a ninguna de ellas le pasa nada.
En Xinbao no hay ninguna zona de riesgo. Xinbao es un pueblo en una meseta, con casas de dos plantas y patios amurallados, y las casas las han construido las familias que viven en ellas, y los pretiles de los tejados sirven para que no se caigan las mazorcas puestas a secar.
El pretil de la casa de Fugui es de dos mil doce. No es que sea viejo. Es de ladrillo hueco y mortero, sin hierro dentro, y nunca se pensó para tirar.
A las cuatro menos veinte falta el cuarto tensor.
Los tres primeros están atados al poste de la luz, al gancho del gallinero y a la barandilla de la escalera exterior. La cuarta esquina, la del sur, no tiene nada a lo que atarse. Está la morera, pero la morera está más allá del muro bajo, en el patio de Chen.
Chen está en el muro. Está atando una lona de plástico sobre la caja del motocarro. Tiene una cuerda amarilla.
Fugui lo mira. Chen lo mira.
El año pasado el tensor descortezó la morera un palmo y medio. Chen lo dijo dos veces, entonces, y una vez en enero.
«Llueve seguro» dice Chen.
«Dicen que a las seis» dice Fugui.
Luego Fugui se vuelve hacia la casa. Sube los cuatro escalones exteriores. En el tejado de la primera planta está el pretil: ladrillo y mortero, alto como una silla, ancho de ladrillo y medio. El pretil es de su casa.
Pasa la cuerda alrededor del pilarcillo de la esquina. Hace el nudo que hace siempre, dos vueltas y medio cote. El nailon chirría sobre el ladrillo.
Luego tira. Tira hacia abajo con la palma, dos veces, como se prueba.
La lona se levanta y queda plana.
A las cinco y veinte el agua sobre la lona hace una panza encima de la mesa tres.
A las cinco y media el pilarcillo de la esquina sale del pretil. Sale todo de golpe, con cuatro ladrillos pegados. La lona baja por el lado sur y arrastra también el resto.
Debajo están las personas de las mesas tres y cuatro.
Tres no se levantan. Otros dos mueren en el hospital, uno por la tarde y uno por la noche. Los heridos que van al hospital son diecisiete. A un chico no le salvan el pie.
Fugui está fuera de la lona, del lado del gallinero. Vuelve dentro. Coge el cuchillo del cerdo del gancho de la cocina. Corta el primer tensor por la base, luego el segundo, luego el tercero. La lona se afloja donde corta y se levanta donde alguien empuja desde abajo.
En el cuarto se para. El cuarto no está tenso. El cuarto ya está en el suelo, con los ladrillos todavía anudados dentro.
La lluvia para a las seis y diez.
En la mesa tres, debajo de la lona, los vasos están de pie y están llenos. El ventilador de mesa en medio del patio sigue girando, y gira todavía cuando llega la primera ambulancia de Changning. El cartel con la nota del examen está colgado del tendedero y está seco. Desde la caja del motocarro de Chen la radio da el boletín de las siete, que dice lluvia débil en retirada.
hecho: En Xinbao, en Sichuan, durante el banquete por la admisión a la universidad del hijo de un vecino cede el pretil del tejado al que estaba fijado el toldo, cargado por el agua acumulada sobre la lona: cinco muertos, diecisiete heridos, a un chico le amputan un pie. (Global Times y Reuters, 18 de agosto de 02026.)
mundo: En la República Centroafricana, en Zamboye, una mina de oro artesanal se derrumba sobre los excavadores y el ministerio de minas cuenta cuarenta y nueve muertos entre centroafricanos, cameruneses y chadianos (NBC News). En Estados Unidos cae el último bloqueo al fin del Temporary Protected Status, y el primer avión de repatriación descarga a más de ciento sesenta personas en Cap-Haïtien en lugar de en Puerto Príncipe (US News). En el sureste de Corea del Sur ochocientos milímetros de lluvia inundan los valles y se llevan a una persona (The Korea Herald).
Variantes: 5.
Cristallo · Pneuma I.
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