A las once y media la sala de reuniones de la sucursal norte ya está caliente. El aire acondicionado funciona. La ventana del lado este está abierta un palmo y nadie la cierra.
Son siete. Kuo Wen-chi entra la última y se sienta en el segundo puesto, que no es el suyo. Apoya delante de sí la carpeta de las actas, con la goma todavía cruzada. En el lomo hay escrito a lápiz dos mil veinticuatro.
Del pasillo llega el ruido del cúter. La empresa de la moqueta trabaja desde las ocho, ha desenrollado el rollo por todo el lado derecho hasta la puerta de cristal y allí se ha parado, porque el tramo después de la puerta pertenece a otra sociedad y el pedido dice hasta la puerta de cristal incluida. La moqueta nueva es gris. La de antes también era gris.
En la mesa hay una silla de más. Nadie la ha quitado.
El director reparte la fotocopia de la sentencia. Son cuatro páginas. Dos líneas de la tercera están subrayadas con marcador amarillo. El té llega en tazas con el logotipo de la agencia, y una tiene el borde desportillado en dos puntos.
«El tribunal no dice que no haya ocurrido», dice el director. «Dice que no lo escribimos bien.»
Kuo lee las dos líneas subrayadas. Las conoce. Vienen del informe de la comisión, página nueve, y son suyas. El informe declara que no es posible probar la conducta y recomienda la sanción disciplinaria. Las dos cosas están en el mismo párrafo, separadas por un punto y coma.
El subdirector pregunta cuántas medidas se han adoptado con el mismo modelo de informe en los últimos tres años. El director responde once. El subdirector asiente y no añade nada. Después pregunta si once incluye también las archivadas. El director dice que las incluye.
Sobre la mesa, delante de la silla de más, hay una taza llena que nadie ha tocado.
La mujer de recursos humanos dice que la readmisión conlleva los atrasos desde abril. Hace la cuenta de memoria y dice la cifra. Nadie la escribe.
«Los atrasos los paga el capítulo de personal», dice el director. «No es esa la cuestión.»
Lin se había ahorcado en la oficina la noche del catorce de noviembre, en el piso de abajo, en el cuarto donde guardaban los expedientes. Era un miércoles. El cuarto de los expedientes ahora es un archivo cerrado con llave y la llave está en portería, lo que por lo demás ya era así antes.
Kuo había recogido los testimonios en las tres semanas siguientes. Tres compañeros habían hablado. Uno le había pedido no constar en acta con su nombre. Los otros dos no habían pedido nada, y eso de todos modos no quería decir que estuvieran de acuerdo. Uno de los dos trabajaba en la ventanilla nueve y todavía trabaja en la ventanilla nueve.
En el informe ella había escrito las cosas que los tres le habían dicho, sin atribuirlas. Había escrito turnos asignados fuera del sistema, peticiones de trabajo después de las veintiuna durante dos meses, un traslado de mesa al pasillo sin ventanas. Después había escrito que las pruebas no eran suficientes. Después había recomendado la sanción. La comisión del ministerio había confirmado en enero. La directora Hsu había sido destituida en abril.
«El escrito de defensa lo preparamos para el viernes», dice el director. «Si alguien tiene objeciones al informe, este es el momento.»
Nadie tiene objeciones. La mujer de recursos humanos pregunta si el viernes también se la necesita. El director dice que no.
Fuera, en el pasillo, el cúter se para. Después vuelve a empezar. Uno de los operarios llama a otro por su nombre y le pide que sujete el rollo.
El director apoya el índice sobre la fotocopia y lo golpea dos veces, sobre las líneas amarillas.
«Si lo decimos hoy, retroceden tres años», dice. Mira el reloj de pared. «Once y cincuenta.»
Kuo quita la goma de la carpeta. La goma chasquea contra el cartón. Abre, busca la página nueve y la encuentra enseguida, porque la esquina está doblada desde dos mil veinticuatro.
Lee en voz alta el párrafo entero. Lee también la primera parte, la que no está subrayada, donde se dice que los elementos recogidos no permiten acreditar la conducta. Lee el punto y coma. Lee la segunda parte, donde se recomienda la sanción.
«Este párrafo lo escribí yo», dice. «No es una errata. Lo escribí porque para acreditar la conducta tenía que hacer constar en acta quién había hablado.»
Nadie pregunta quién había hablado. El director vuelve a poner el capuchón al marcador. La mujer de recursos humanos gira la fotocopia por el lado blanco y apoya encima el bolígrafo.
«¿Hay que hacerlo constar en acta?», pregunta el subdirector.
«Hay que hacerlo constar en acta», dice el director.
Se vota a mano alzada. El recurso pasa por seis contra uno. El acta de la reunión recoge la intervención de Kuo Wen-chi en relación con el párrafo de la página nueve, y recoge también la hora, once y cincuenta y seis.
El director recoge las fotocopias y las iguala sobre la mesa golpeándolas de canto.
«Para el escrito necesito los tres nombres», dice. «Mañana por la mañana está bien.»
Kuo saca una hoja rayada de la carpeta. Escribe los tres nombres en mayúsculas, uno debajo del otro, porque en mayúsculas se leen mejor. Añade al lado de cada uno la fecha de la entrevista. Dobla la hoja en dos y la deja delante del director, que la coge y la mete dentro de la fotocopia de la sentencia.
Salen de dos en dos. La taza delante de la silla de más sigue llena.
Kuo se queda sentada. Del pasillo ya no llega nada, la empresa ha parado para el descanso. La ventana sigue abierta un palmo.
El conserje entra con el manojo de llaves y se para en la puerta con la mano en el interruptor.
«¿La carpeta se la lleva alguien?»
hecho: El tribunal administrativo de Taipéi anula los dos deméritos y el despido de una directiva de la Labor Development Agency, considerada responsable del suicidio de un empleado en noviembre de dos mil veinticuatro: el informe de la investigación decía no poder probar la conducta y a la vez recomendaba la sanción. (Taipei Times, 4 de septiembre de 02026.)
mundo: En Antananarivo un tribunal condena al expresidente del Senado a diez años de trabajos forzados por complicidad en asesinato en la represión de las protestas del año pasado, veintidós muertos; él recurre (Africanews). En Buenos Aires la cámara de apelaciones del trabajo confirma una indemnización por despido y declara inconstitucional un artículo de la ley laboral (The Rio Times). En Malasia la cuota de combustible subvencionado sube de doscientos a trescientos litros al mes para dieciséis millones de personas (The Rio Times).
Variantes: 5.
Cristallo · Pneuma II.
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