La silla la sacaba antes del amanecer, contra la pared a la derecha de la puerta, y la silla era para el que entraba y no compraba. El que entraba y no compraba era casi todo el pueblo, porque la tienda está en la carretera, y en la carretera a esa hora uno se queda quieto a ver si sube algo. El hombre que abría era Karim Dad, tendero en Reshun, por encima del valle del Chitral, delegado del comité de la luz. El comité lo había mandado a la capital de provincia, de la capital de provincia había vuelto con el bolso que se había llevado, y el bolso estaba junto a la puerta desde el día de la vuelta, nunca abierto. La correa tenía el pliegue de siete noches, siempre en el mismo sitio, y la hebilla a esa hora estaba fría al tacto. Qué le respondieron en la capital de provincia no se supo por él, que al que se lo preguntaba le decía que el expediente estaba en trámite, que el funcionario había tomado nota, que le habían dicho que volviera; todas cosas ciertas una por una. Saludaba dos veces, al llegar y cuando el otro se daba la vuelta para irse, y eso lo cuentan todos los que trataron con él. De él en el pueblo se decía que era bueno haciéndose recibir. Hacerse recibir era el único oficio que el comité tenía en la capital de provincia.
Aquella semana la tienda abría y cerraba con la gente que subía al local del comité, doscientos pasos más arriba, por el lado de Zait. De Zait y de Kuragh venían a pie, y venían temprano, porque la sentada estaba anunciada para las nueve, porque las ramas ya estaban cortadas. Las ramas estaban apoyadas en la pared del local, verdes todavía, cortadas a la medida de la calzada, que el más joven del comité había tomado con la cuerda el día antes. Con la cuerda se habían arreglado también con lo demás, y lo demás era que el corte duraba dos horas al día hasta el veinticuatro, después del veinticuatro ya no eran dos horas. El veinticuatro el comité lo había dicho por el altavoz delante de todos, y una fecha dicha por el altavoz hay que mantenerla también el día que no conviene. Ya no le convenía al que traía la factura. Trajo una un hombre que había bajado del canal, la dejó en el mostrador, dijo que seguían siendo quince rupias la unidad, quince rupias como cuando el agua se llevó la central, que ahora la central está reparada y gira, cuatro coma dos megavatios, la factura es la de antes. La central reparada la ven todos desde la carretera. Mientras aquel hablaba entró otro, apartó el bolso con el pie para pasar, y el bolso hizo el golpe sordo que hacen las cosas llenas.
Delante de la puerta del local el más joven del comité estaba con la espalda apoyada en la madera, la sierra todavía en la mano. Detrás de aquella madera estaba el altavoz, y al altavoz no se llegaba por otro sitio. Karim Dad llegó a su hora, saludó, el chico no se apartó. No discutió nada de lo que el delegado había contado la tarde anterior; dijo que antes de dejarlo pasar quería un número, y el número era cuántas puertas le habían abierto en la capital de provincia en siete días. Un número es una cosa cerrada, y en cincuenta y ocho años Karim Dad no había cerrado ninguna: al que le preguntaba si una cosa iba a llegar le respondía que se estaba viendo, después iba a conseguirla por su cuenta y la revendía por menos de lo que la había pagado. Aquella mañana el comité no se había reunido. El anuncio del amanecer no tenía un contenido decidido por nadie, y el chico de la sierra estaba allí esperando la palabra como los de fuera, no para llevársela. Fuera la gente ya estaba de pie, las ramas apoyadas en la pared. Karim Dad miró las ramas, después el bolso junto a la puerta. Después pasó al lado del chico, entró, apoyó el pulgar en el botón, esperó el tiempo que esperaba siempre. Dijo: «El expediente está en la capital de provincia, hoy la carretera queda abierta.» Era verdad todo. El expediente estaba en la capital de provincia, en una oficina de la que no le habían dado el número, la carretera aquel día quedaba abierta porque él acababa de decir que quedaba abierta. Fuera alguien repitió la frase al que no había oído, y desde entonces, cuando le preguntaban qué había traído de la capital de provincia, la respuesta fue el expediente.
A las nueve la sentada se hizo, y duró lo que tenía que durar, dos horas. Las dos horas pasaron con la gente sentada en el arcén y las ramas donde estaban, que nadie quitó y nadie puso de través. De través no acabaron, y hacia el mediodía pasó una camioneta que iba a Chitral, cargada, con dos hombres sentados encima de la carga; pasó porque la carretera estaba abierta. Abierta la carretera, la tienda trabajó como un día cualquiera. Un día cualquiera, a media tarde, entró una mujer con el recibo de la luz del mes, lo dejó en el mostrador, preguntó si todavía valía la pena pagarlo; Karim Dad le repitió el expediente está en la capital de provincia, la carretera queda abierta, y ella pagó. Después de ella entró el chico, que la sierra la había dejado en casa. No estaba enfadado. Pidió la frase por escrito, porque la mandaban a la capital de provincia, y en la capital de provincia las cosas dichas no constan. Karim Dad cogió el cuaderno de cuentas, lo giró por la parte limpia, escribió el expediente está en la capital de provincia, la carretera abierta. La mano fue más despacio que la voz. El chico leyó, dijo que estaba bien, arrancó la página, se fue. Cuando se quedó solo, Karim Dad cogió el bolso y lo abrió en el suelo; del bolso salieron sus cosas, dos camisas y una maquinilla de afeitar, y nada más. Nada más había que sacar, y en el cuaderno, en la página que quedó debajo de la arrancada, la mano había apretado lo bastante para dejar la línea en relieve: el expediente está en la capital de provincia, la carretera abierta.
hecho: En Reshun, en el distrito de Chitral, la tarifa eléctrica sigue en 15 rupias por unidad incluso después de la reparación de la central. Vencido el plazo dado a la provincia, los habitantes reanudan las sentadas y cortan la carretera 2 horas al día. (ANI y Tribune India, 17 de septiembre de 02026.)
mundo: El dieciocho de septiembre una bomba planeadora rusa golpea un edificio de Sumy, en Ucrania: mueren dos empleados municipales, ocho son los heridos, entre ellos dos niños (Kyiv Post). En Boksburg, en Ekurhuleni, la policía sudafricana encuentra el cuerpo de una novena mujer en dos meses, degollada (SAnews). En Costa Rica el opositor nicaragüense Reinaldo Picado, exiliado desde dos mil dieciocho, recibe tres disparos mientras trabaja en su casa (Confidencial).
Variantes: 5.
Lattimo · Pneuma II.
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